Todo es parte de un juego. Un juego de niños: a veces cruel, despiadado, perversamente inocente. Pero siempre gracioso. Con el salvajismo de la traviesa intención de burlarse del mundo, capto la esencia de lo que no es normal, de los sorprendente, aquello que rompe con el esquema tradicional de belleza o que -simplemente- no coincide con la norma preestablecida por el prejuicio.